Mujeres Aliadas AC

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Historias

Cuando cosas maravillosas pasan en tu vida, quieres guardarlas como un tesoro, algo que se convierte en sagrado, que piensas que solo te pertenece a ti. Así fue por mucho tiempo uno de los acontecimientos que cambiaron mi vida: el nacimiento de mi primer hijo Dante, hace cuatro años con cuatro meses, en Erongarícuaro, Michoacán; Con ello, vino uno de los más grandes retos y descubrimientos de mi fuerza y poder como mujer, uno de los nacimientos más bellos, pacíficos, fáciles y rápidos que he escuchado; No es por echarme flores, todo esto no lo hice sola, fue un proceso donde Mujeres Aliadas fue el motor para el desarrollo de mis habilidades como madre y como mujer.
 
Mujeres Aliadas significa para mí fuerza, amor y soporte. Es la madre que no tenía, son la familia que no me acompañó, fue mi protección entre este mundo abusivo para las mujeres y los doctores. Ellas fueron mucho más que mis parteras, fueron mis ángeles y aún después de tanto tiempo, me reflejo en su trabajo. 
 
Con  mi segundo hijo nacido en los Estados Unidos, puedo asegurar sin dudas, que no importa  el dinero y todos los lujos que tengas, es muy difícil encontrar personas con tanta capacidad, compromiso y pasión como Mujeres Aliadas. Si no hay alguien que cuide de ti como lo hacen las parteras en las comunidades en México, siempre vas a estar a merced de los doctores , enfermeras y sus procedimientos inútiles, que lo único que buscan es tu dinero y robar el poder que hay en ti para traer a este mundo, de forma respetada, a seres llenos de luz.
 
Mil gracias por todo, por sus clases, por las consultas, por sus masajes, por sus palabras, por su apoyo incondicional,  por cobrar tan poco dando tanto, necesitamos más como ustedes.   Lucía Esmeralda Gutierrez Estrada

“Primero yo no quería ser partera pero siempre tuve el interés de ser enfermera o algo relacionado con curar, y no sé, con poder ayudar en un futuro a mi pueblo.”

Elena tiene 32 años, es originaria de San Lorenzo, Chiapas. Su familia es de Guatemala, su lengua materna es el Chuj, y aprendió K’anjobal con sus vecinos.

“Como mi papá era auxiliar de salud, mi abuelo era un curandero muy bueno y reconocido y además tengo familiartes parteras, pues me decidí a estudiarlo y ver qué pasaba. Y ya, en cuanto llegué a CASA (Escuela de partería) me fue gustando de todo; todo me llamaba la atención, las clases de todo me gustaban y así me fui enamorando de la partería.” 
 
“Mi momento de mayor aprendizaje ha sido el nacimiento de Dianita, mi hija, hace ya más de cinco años. Yo no sé, como que hasta que no experimentas el proceso, no sabes igual el cómo tratar a la mujer; hasta que no eres tú la que quiere que la apapachen, no despierta ese interés de mejorar cada vez para poder ayudar mejor.”      Elena Pascual Gómez

 
 
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